Nunca prestes tu oído
a la prevaricación,
quien dijo que la soberbia
era buena consejera.

Se dice de la experiencia
que añade a los demás,
no explica la inclemencia
cuando se amotina,
mucho menos que desear
pirata de cosas buenas,
y viste de calamidad
porque te quiere hacer igual.

No te engañen en tus días
hablando de la impiedad,
si no es franca la receta
es dádiva de la maldad,
la mal habida vocación
que te arranca del abrazo,
a las morbos de infelicidad
a la quiebra de Su Voluntad.

Vive, abraza y besa
has como quien quiere soñar,
porque este bardo reverente
fue el que te supo amar.

Gracias. . .

Stillzar