Ha sido una balada de muerte la danza de mi corazón porque en los atrios de tu suerte atesoras el tornasol.

El fulgor de las dádivas apetece tu claridad, y son propinas ribereñas las que vencen tu mocedad.

La repisa del mejor pujante de tu sensación es el anaquel, me habré de cambiar el nombre “yo”. . . por el de aquel que nunca fue.

Recostado con mi sinfonía crónica de la inmensidad, hoy he tocado las lejanías de mi triste calamidad.

No recuerdes mi concierto y mi añoranza no vuelvas a ver, ha sido una balada de muerte la danza de mi corazón. -Stillzar