Quien honra los honores de abstenerse por noble, quien honra los honores de esconderse otra vez.
Solía mirar el horizonte y el sol ardía por el este, pero veía el mar como un errante esperando por un dibujante.
Nadie dijo que un sacrificio solo nos lleva al olvido, y no hubiera esperado el vendaval de la aflicción.
Y entre los labios del sereno la refracción de mi princesa, y entre los besos de mi ensueño la refracción de mi princesa.
En los muros se escuchaba: hasta horita vida mía, invocando la esperanza en las alas de un suspiro.
Cuantas lunas llamaré esperando para verte, y cuantas sales encontré en mi boca persistentes.
Me equivoqué querida mía, me equivoqué amada mía. Pero ni a Dios preguntaría, porque ahora pecaría. –Stillzar Flames