Hubo un palacio erguido
todo de rosas florido
adornado y con sonidos
los más lindos escuchados,
silbando como las aves
con las plumas del paraíso
diciendo las muchas veces
que acabaron en delito.

El eco fue melodiando
con su hermosa resonancia
y cual espada en la roca
desgarró los cien peñascos,
a que caudal atribuyo
si esto es un patrimonio
o si fue, por el contrario
un acierto desmedido.

Y los ríos han caído
en mi pelo enardecido,
en la cordura del lapso
buscando algún desmayo,
el desvarío querido
de ir soñando despierto,
pues quien sino el Verbo
que me invita del cielo.

Stillzar