Quisiera volver al antaño cuando eran sueños de niños, porque no dolía el tropiezo de esa niña en el corazón.
Déjame andar en su profundidad para ver las ansias de la voluntad, porque ya no sé qué me queda lejos y tampoco se para donde remo.
Con ilusiones de quimeras no hay noches sin una niebla, y si sus destellos son de blanco los jazmines se llenan de celos.
¡Oh nívea de mi querida alma! también le pidiera que fuera el mar, para zozobrar en sus bellos ojos y morirme en las orillas de sal.