Reposados los espectros enhuellaban, examinados de lejos a sus anchas. Sin destinos, ni enlutamiento, monarcas eran ya conocidos.

¡O! ¿porque habrán residenciado estas sombras tras el mobiliario? Es cuando nuestros bienes adornaban en aquella luz que no parpadeaba.

Y una morada que hoy es cárcel, refugio abierto a los tribales ¿cuál era el destino de los males que vagando nos enseñaban?

Ahora escondidos en mansiones todos ignoran, nadie quiere, ni ve; transportar ahora es el destino de lo que una vez reprendimos.

¡Ay pesar de mi alma!, lo que yo he visto, cuanto amo se ha entenebrecido, porque nuestros herederos han fornido, aquel albergante que nunca debieron.

Su dominio ya no es el espacio, ni el cielo, ni viento, ni callado; hoy en las sempiternas almas se ocultan y agradecen el filo de Satanás.

Éste ha engañado la tranca de la puerta pesada de amor, instrucción, también calor, del calvario, de la oposición y llantos, de la redención que con sangre aseguramos.

Aquellos ya no se ven en las calles, no hay quien los distinga ocultos; pobre del destino, de los sueños, y pobre de los que más amamos. -Stillzar