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sDt 67


Si pudiera orar contigo. sDt 66

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¡Oh, mi Dios! Amado Dios.  Que nuestro corazón entienda que el dejar de pecar es una consecuencia de amarte, y el modelar a Cristo es nuestra actitud como hijos.  Porque nos has redimido, y el amor ya no se puede ocultar.  Púes Éste, Eres Tú; el Amor representado en la majestad de TU imperio, TU infinita misericordia y TU eterno poder.  Tan extenso que palpitamos en el cimiento de TUS palabras y caemos debajo TUS PIES.  Gracias. 

Que se pueda ver en honor a TU NOMBRE, nuestra gratitud, que nos señalen por la bondad, que nos acusen de servir, que nos apunten por una sonrisa, y de gritar “te amo” sin pensar en las consecuencias.  Que se pueda distinguir que podemos soñar y remontarnos en los cielos como las águilas, que podemos dormir con tranquilidad porque TU eres TU.

El favor “…” es TUYO.  Pero no te pido que te lleves mi angustia, porque es la que me duele en la oración.  Porque no depende de TI, porque sé que me haces bien, sé que me abrazas, que lloras conmigo para consolarme y así puedo estar un ratito más CONTIGO.  Pero si, te pido que conforme a TUS propósitos bendigas a todos y que te puedan conocer tan cerca como yo te conozco, en una lágrima.  Amén.

Si pudiera orar contigo. sDt 62

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Escúchame, ¡Oh, mi Dios Amado!  Tú, que has asegurado el firmamento con Tú sabiduría y poder en un balance perfecto; que por eso a Tus Ojos ¡oh, mi Dios! no escapa nada. 

Amarte es desprenderse de uno mismo.  Por eso no hay entendido de nuestros besos y abrazos a los que recurro constantemente.  ¿Quién entenderá?  Solo Tú, que sabes que me desangro en las noches sumergido en las lagunas de Tu querer.  Pidiéndote fantasías extasiadas de rocíos de amor. 

¡Oh, mi Dios amado! Que no halles en mi la arrogancia del soberbio que esconde su indiferencia litigando con el pobre de espíritu, con preceptos humanos para erradicar la sencillez de su corazón, escarneciéndolo porque no hay afección.  Que no me oculte en las filas y escurra mi cabeza bajo una sombra ajena.  Pero que se habrá la brecha de los labios, que no hablen las piedras porque se haya perdido la bondad. 

De los dones te he pedido el don de “la obediencia” ese es el don que anhelo.  Para que no encuentre frente a mis ojos un hermano olvidado, sino más bien que lo pueda acurrucar entre mis brazos y decirle como Tú quieres que le diga:  Te amo.  Además, bendícelos a todos.  Tuyo es el poder.  Amén.