¡Oh Padre del cielo!
ya todo alcanzado,
¿por cuánto la soberbia
da bien al sustento
y las mentes turbadas
porfían con sus lamentos?
esculca en mi alimento
no quiero ese ajenjo.

Anhelo del sollozo
en el amor en llanto,
del Espíritu Santo
con todo lo arcaico,
del sobrio entendimiento
de rodillas en mi cuarto,
de mi alma con los gritos
buscando de Tu amparo.

¡Dios! ¿acaso han resuelto
en la dureza de cerviz,
el encanto por el daño
por alejarse de Ti,
duplicar las alforzas
para esconder lo gris,
y queriendo a la mala
y codiciando encubrir?

Yo quiero comer fuego
que deshaga mi seno,
que se haga el tizón
y lo vuele el viento,
que lo recoja Tu Reino
y lo cambie en arcilla,
y se cure en Tus Manos
Tu Bien y Tu Voluntad.

Stillzar