Mundo de papel


Invitado de regiones
queriendo subir al Santo,
dirigido por los puentes
tomados de otro mando,
mi Señor lo quiso así
y no vi lo que pisaba,
fue el asueto de un fin
el que nunca imaginaba.

No fue yagua en trineo
porque el hedor transité,
no hubo deslizadero
pero todo bajo mi pie,
y parece un atropello
pues sobre la piedra marché,
donde paseaba solo
yo no sé lo que enjugué.

Es la vereda de rocas
que desnudo me esforcé,
allende en las entradas
porque la salida marqué,
fue antes de los nudos
que la sandalia me quité,
y aguante como un gaucho
en este mundo de papel.

Stillzar

La espada


Fue forjada en los albores
del silencio infinito,
remachada en las edades
del indecible y los tiempos,
con dos filos pendientes
recreados con el vidrio,
con el aplomo noble
y el florete del camino.

No da tregua a las heridas
ni labios injuriosos,
inclinando a las hazañas
que tuercen los oficios,
es la esgrima llamativa
y los cinceles son testigos,
porque ya nadie se acuerda
de los mellizos alcanzados.

Quien fuera el propietario
de la dama asegurado,
afirmaos en el cabo
de las paces con el dueño,
para blandir en los vientos
a cualquiera de los puntos,
o acabarás desgarrado
por la reversa del acervo.

Alejado del pirata
que presume en las aguas,
tampoco soy bucanero
marino de océanos,
el acero no me asiste
como el corsario lo pide,
y el levantar cualquier espada
Gloria a Dios y Alabanza.

Stillzar

y se cure en Tus Manos…


¡Oh Padre del cielo!
ya todo alcanzado,
¿por cuánto la soberbia
da bien al sustento
y las mentes turbadas
porfían con sus lamentos?
esculca en mi alimento
no quiero ese ajenjo.

Anhelo del sollozo
en el amor en llanto,
del Espíritu Santo
con todo lo arcaico,
del sobrio entendimiento
de rodillas en mi cuarto,
de mi alma con los gritos
buscando de Tu amparo.

¡Dios! ¿acaso han resuelto
en la dureza de cerviz,
el encanto por el daño
por alejarse de Ti,
duplicar las alforzas
para esconder lo gris,
y queriendo a la mala
y codiciando encubrir?

Yo quiero comer fuego
que deshaga mi seno,
que se haga el tizón
y lo vuele el viento,
que lo recoja Tu Reino
y lo cambie en arcilla,
y se cure en Tus Manos
Tu Bien y Tu Voluntad.

Stillzar

Las brazas de Tu Voluntad


Mientras en el iris ardía
todo el querer de las aguas,
del vecino vi la flama
como una llamarada,
manantiales en mis leñas
iban por la enramada,
filtrando en la pestaña
las brasas de Tu Voluntad.

La fatiga ha llegado
peleando solariego,
los antieres ya dejaron
el puerto que encallaba
en la habitual esclusa
del vil arte de la bondad,
nada se compara, nada
las brasas de Tu Voluntad.

En mi pecho los ayeres
los ancestros del azufre,
y las furias sin raíces
parásitos de los bienes,
ahora todo es cenizas
ahora ya no tengo prisas,
se ha muerto la reliquia
porque fraguas en mi sala
las brasas de Tu Voluntad.

Stillzar

El Verbo invita


Hubo un palacio erguido
todo de rosas florido
adornado y con sonidos
los más lindos escuchados,
silbando como las aves
con las plumas del paraíso
diciendo las muchas veces
que acabaron en delito.

El eco fue melodiando
con su hermosa resonancia
y cual espada en la roca
desgarró los cien peñascos,
a que caudal atribuyo
si esto es un patrimonio
o si fue, por el contrario
un acierto desmedido.

Y los ríos han caído
en mi pelo enardecido,
en la cordura del lapso
buscando algún desmayo,
el desvarío querido
de ir soñando despierto,
pues quien sino el Verbo
que me invita del cielo.

Stillzar

Solo viento…


¡Oh remanente quebrado!
yo fui viento de tu antojo,
y lastimaste mis niñas
porque todo fue un soplo
con lejanías sin pasión
y de la carne un capricho,
yo te quise más que al sol
y mira lo que resultó:

un engañado corazón
de tu elegante decepción,
y en el río de alabastro
te amaré con lo que quedó,
a ver si una miga de cielo
me devuelve la inspiración,
y Dios recoge mis restos
si es que tiene compasión.

¡Oh remanente quebrado!
yo fui viento, solo eso y nada más,
solo el viento del antojo,
solo viento, solo eso y nada más…

Stillzar

El tiempo ha declarado


Para derramar en mi pecho
¿porque vigilan en mi lecho
con las sutilezas del cuervo?
¿no se incluye también solo?
por lo poco que he vivido
ya no es raza sin anillo,
más bien reverso de un zafiro
del afecto jamás sentido

¿Quién requiere un quejido
con altares pulidos?
hay pueblos que nadie ha visto
flotando sin ningún aviso,
y de las viñas que si han ido
navegando con un destino,
marcar el número del vuelo
identifica los encargos.

Es el código encubierto
de intenciones abiertas,
y pestañea en los risos
rodando sin alertas,
y entre cardos fijando
se lleva todo lo justo,
a las maldades solapadas
y a las bondades maniatadas.

Se afloja con el tinto
la lengua del crucifijo,
y la rémora ultrajada
entreabre las bisagras,
el chasquido es misterio
que espanta los abruptos,
en provisiones del salto
el tiempo ha declarado.

Stillzar

Angelitos míos…


Ay del radio incoherente
anegado en la injuria,
del alimento es ultraje
y desdicha de la malta,
porque los sabores se visten
en las ondas alejadas,
por el impostor agregado
el ajenjo se han comido.

Ya no hay para quemar
en la pira del sacrificio,
y a donde puedo remar
sin hallarme aquel esbirro,
el Cegador ha llegado
para añadir un legado,
cegar en el campo muerto
para dejar el fundamento.

El cielo se ha sentado
hacía los Pies del Maestro,
con Alas de Mariposa
en la voluntad me toca,
las aguas me resacaron
porque todo ha bordado,
la puntada y la ortiga
el deseo, el bien y paz.

Es revivir a mi amigo
en aquellos bramidos míos,
sin aplausos ni los desvíos
sin ajuares del mutismo,
solo el dulce encanto
del brío de un susurro,
y que chispe el sustento
de estos, angelitos míos.

Stillzar

Lo hiciste otra vez


Mi corazón abierto
y con solo una entrada,
pasa con el pestillo
quien conoce la cruzada,
porque aún con la rutina
no amarga la tristeza,
es ajenjo surrealista
la batalla del bien amar

Separado por costumbres
recrea los mil posibles,
ya no espera que toquen
pero si que entren:
la honra y el deseo
la entrega y el amor,
yo no quiero un milagro
pero si, el Don de Dios.

Se diafana lo oscuro
vivo en aquel tumulto
de lo que desvelo solo
en el pico de la noche,
el ceñido aleteo
de una sinfonía errante,
yo fraguo que no la veo
y le suman al solfeo.

No fue ningún destello
de mañana avanzado,
paseó por el desierto
me arrancó los fragmentos,
hizo la bonanza
de los mares abiertos,
también visitó mi pecho
y abrazó mi lamento.

Aunque nadie lo entienda:  vi la lluvia caer, como el principio es como hoy, será como siempre porque Tu, eres mi Dios.

Stillzar